Enfermedad, conflicto entre el cuerpo y el alma

“La enfermedad es la forma que tiene el cuerpo de mostrar el conflicto entre el cuerpo y el alma”. o lo que es lo mismo, la falta de coherencia entre lo que realmente siento y lo que muestro. 

¿Qué relación se establece entre el cuerpo y las emociones? ¿Qué sucede en nuestro cuerpo cuando no somos capaces de identificar lo que sentimos?

Muchísimas personas, entre ellas yo, tenemos dificultades para identificar y por tanto, expresar lo que sentimos. Muy pocas personas crecen en un ambiente en el que se favorece la identificación y expresión emocional.

El cuerpo, no se calla y se expresa por sintomatología, que es ni más ni menos una serie de síntomas por los que nos dice claramente que está pasando a nivel emocional. Ante dolores repetitivos y baja de defensas constante, es importante revisar que está pasando a este nivel.

Existen numerosas investigaciones que avalan, además, el poder de las emociones sobre nuestro cuerpo. Seguramente te hayas escuchado a ti mismo decir expresiones como “tengo un miedo que te cagas”, “tengo un nudo en la garganta” “el corazón me va a mil” para expresar una determinada emoción.

El hecho de que no sepamos identificar nuestras emociones y por tanto, expresarlas y gestionarlas, puede provocar que éstas se manifiesten a través de nuestro cuerpo. Incluso, cuando ignoramos nuestras emociones, éstas se pueden llegar a manifestar en nuestro cuerpo en forma de dolor e incluso, de enfermedades.

Así mismo, también resulta curioso como varias investigaciones demuestran que hay una determinada relación entre la parte de nuestro cuerpo que enferma y lo qué nos quiere decir exactamente.

Según el Dr. Nelson Torres, Doctor en Psiquiatría y experto en Psico-neuro-inmunolinguistica. Nuestro cuerpo GRITA, lo que no sabemos cómo decir y preferimos callar y almacenar “para después” Aunque eso sea la causa de enfermarnos gravemente. Así se ven personas con Cánceres y enfermedades degenerativas poseedoras de una vida saturada de estrés, dolor emocional y incapacidad de hablar o enfrentar sus problemas de forma sana y equilibrada, generalmente es a gritos o en silencio.

sanar-tu-cuerpo-1Cuando duele la garganta, a nivel de síntomas, es importante revisar que es lo que se está dejando de decir, de aclarar, de pedir.

Dolor de estómago, con ardor. Revisar que estas guardando en cuanto a sentimientos y emociones, que enojo o recelo no estás dejando fluir. Que situaciones se están evitando, que estas “comiéndote” emocionalmente, que te provoca dolor y malestar.

Dolores de cabeza, revisa la manera en que estás en tu presente es lo que quieres vivir, si te encuentras en donde y con quien deseas, de no ser así, ¿que deseas hacer?, con la regla de” no dañaras, pero si te harás caso.”

Molestias en órganos sexuales, este síntoma es muy interesante ya que ante relaciones con dolor emocional, por infidelidades, malos tratos, poca valoración, baja autoestima, este es el lenguaje que el cuerpo adopta para que se le tome en cuenta. Revisar cómo están funcionando las relaciones en pareja, la relación contigo mismo(a), de aprecio, respeto, o de abandono y desamparo de ti mismo(a), carente de auto-apoyo.

Dolor de espalda, rigidez, músculos adoloridos desde el cuello hasta los hombros. Generalmente revela mala posición al dormir o sentarse, pero también es el reclamo del organismo ante una gran cantidad de emociones contenidas, de miedos y preocupaciones que no son enfrentadas de forma directa.

En muchas técnicas desde el yoga, hasta la medicina de renovación celular, pasando por la bioquímica corporal y cerebral, la psicología del comportamiento, sin faltar la Gestalt. Todas han llegado desde diferentes ópticas a encontrar científicamente, que la mente (emociones) y el cuerpo (fisiología) van directamente relacionadas y se afectan de formas muy poderosas. CUERPO SANO EN MENTE SANA.

Para reflexionar…

La personalidad es un conflicto entre el cuerpo y el alma (Bach)

  • El resfrío “chorrea” cuando el cuerpo no llora.
  • El dolor de garganta “tapona” cuando no es posible comunicar las aflicciones.
  • El estómago arde cuando las rabias no consiguen salir.el cuerpo grita lo que la boca calla
  • La diabetes invade cuando la soledad duele.
  • El cuerpo engorda cuando la insatisfacción aprieta.
  • El dolor de cabeza deprime cuando las dudas aumentan.
  • El corazón afloja cuando el sentido de la vida parece terminar.
  • La alergia aparece cuando el perfeccionismo está intolerable.
  • Las uñas se quiebran cuando las defensas están amenazadas.
  • El pecho aprieta cuando el orgullo esclaviza.
  • La presión sube cuando el miedo aprisiona.
  • Las neurosis paralizan cuando el niño interior tiraniza.
  • La fiebre calienta cuando las defensas explotan las fronteras de la inmunidad.
  • Las rodillas duelen cuando tu orgullo no se doblega.
  • El cáncer mata cuando no perdonas.

¿Y tus dolores callados? ¿Cómo hablan en tu cuerpo?

La Enfermedad no es mala, te avisa que te estás equivocando de camino.

Se dice que el camino a la felicidad no es recto.

Existen curvas llamadas EQUIVOCACIONES, existen semáforos llamados AMIGOS, luces de precaución llamadas FAMILIA, y todo se logra si tienes: Una llanta de repuesto llamada DECISIÓN, un potente motor llamado AMOR, un buen seguro llamado FE, abundante combustible llamado PACIENCIA, pero sobre todo, ¡un experto conductor llamado DIOS!

La respuesta solo está en uno mismo.

Cuando yo, “el síntoma”, aparezco en tu vida, no es para saludarte, no, es para avisarte que una emoción que contuviste dentro de tu cuerpo, debe ser analizada y resuelta para no enfermarte. Deberías darte la oportunidad de preguntarte a ti mismo: “por qué apareció este síntoma en mi vida”, “Qué querrá decirme”?, ¿Por qué está apareciendo este síntoma ahora?, ¿Qué debo cambiar en mí para ya no necesitar de este síntoma?

Si dejas este trabajo de investigación, sólo a tu mente, la respuesta no te llevará más allá de lo que has hecho años atrás. Debes consultar también con tu inconsciente, con tu corazón, con tus emociones, y cuando la respuesta llega no habrá duda alguna.

Por favor, cuando yo aparezca en tu cuerpo, antes de correr al doctor para que me duerma, analiza lo que trato de decirte, de verdad que por una vez en la vida, me gustaría ser reconocido por mi trabajo, por mi excelente trabajo, cuanto más rápido hagas conciencia del porqué de mi aparición en tu cuerpo, más rápido me iré.

Poco a poco descubrirás, que entre mejor investigador seas, menos veces vendré a visitarte. Y te aseguro que llegará el día en que no me vuelvas a ver ni a sentir. Al mismo tiempo que logres ese equilibrio y perfección como “analizador” de tu vida, tus emociones, tus reacciones, tu coherencia, te garantizo que jamás volverás a consultar a un médico ni a comprar medicinas.

Yo el síntoma estoy aquí para mostrar el conflicto que hay entre tu personalidad y tu alma. O lo que es lo mismo, el síntoma es la señal inequívoca de que el camino que estas siguiendo no el trazado por ti, vas por ruta equivocada.

Profundizando un poquito más

por NURIA GÓMEZ RODICIO

Desde el Análisis Transaccional, Berne (1974), en su libro ¿Qué dice usted después de decir hola? define el guion de vida como “un plan de vida creado en la infancia, reforzado por los padres, justificado por eventos subsecuentes y culminando en una alternativa elegida”. Por tanto, el guion de vida consiste en un conjunto de decisiones que se toman de niño en respuesta a mensajes de guion, verbales o no verbales, provenientes fundamentalmente del padre y de la madre. A su vez, seguramente, éstos repiten el mismo guion de su padre y de su madre.

Imaginemos, por tanto, una madre o un padre que presentan dificultades para mostrar sus sentimientos, dada su historia personal. El niño puede llegar a interiorizar el mensaje NO SIENTAS o NO MUESTRES LO QUE SIENTAS, es decir, no recibe permiso para sentir y expresar las distintas emociones.

En otros casos, puede haber padres o madres que tienen permiso para expresar una determinada emoción (sentimiento permitido) y no, otra (sentimiento prohibido). En nuestra cultura, por ejemplo, con frecuencia se les enseña a los niños que es correcto mostrar enfado o ser agresivo, mientras que sucede todo lo contrario con tener miedo o llorar. A las niñas, en cambio, se les enseña a ser dulces y reaccionar ante el estrés llorando, aunque lo que realmente quisieran mostrar fuera enfado. En estos casos, el niño interioriza  NO SIENTAS NI MUESTRES MIEDO O TRISTEZA (SIENTE ENFADO) y la niña,  NO  SIENTAS  NI  MUESTRES  ENFADO  (SIENTE  TRISTEZA), por ejemplo.

Estas situaciones, cuando son impuestas por el padre o la madre de manera repetitiva e intensa, provocan que el niño experimente esa emoción como  peligrosa   y  tome  la  decisión  de  sustituirla por otra familiarmente aceptada. En estos casos, se desvalorizan sus sentimientos y se condiciona el cariño a que exprese una determinada emoción y no otra. De manera gradual, la niña llega a una conclusión sobre sus sentimientos y sus resultados: “si expreso enfado, mi papá y mi mamá me retirarán su apoyo y eso es peligroso. Cada vez que sienta enfado, ocultaré ese sentimiento, incluso de mí misma o lo cambiaré por otra emoción sí permitida.”

En un caso u otro, en el que no recibimos permiso para expresar  ninguna emoción o una determinada emoción, ese sentimiento no permitido queda reprimido. En ocasiones, ese sentimiento reprimido se transforma, por ejemplo, en somatizaciones como forma de liberar dicha emoción (como no puede expresarla, lo hace de la forma en que “pueda”, aunque no sea de la manera más saludable).

Desde la Gestalt, se nos dice que el contacto es una de las principales necesidades psicológicas del ser humano. El contacto nos permite la toma de conciencia o darse cuenta del mundo exterior, de la zona intermedia o fantasía (esta zona nos permite explorar lo emocional o lo corporal de una situación) y de nuestro mundo interior. Ponerse en contacto con uno mismo es el primer paso para reconocer lo que realmente sentimos y deseamos.

Una Gestalt es una relación dinámica entre una persona y por ejemplo, un sentimiento, que viene determinada por una necesidad y la satisfacción de  la misma, pasando por el contacto. Cuando la necesidad se satisface,  la Gestalt termina. En cambio, si la necesidad no se satisface, la Gestalt queda inconclusa y se repetirá una y otra vez hasta que se cierre de manera adecuada.

Por ejemplo, una persona que aprendió a no expresar una determinada emoción, su Gestalt estará pendiente hasta que encuentre la manera de identificar y expresar esa emoción. Cuando de manera habitual no se  satisfacen necesidades importantes, se puede iniciar la enfermedad. La historia de cada persona dirá con qué es capaz de entrar en relación y con qué no y qué clase de contacto realizará.

Cuando la persona tiene dificultades para percibir con claridad cuáles son sus necesidades y emociones, puede tratar de ignorarlas, reprimiéndolas o negándolas. Para evitar entrar en contacto, hará uso de los mecanismos de defensa o evitación. A través de la RETROFLEXIÓN, por ejemplo, la persona no puede expresar la emoción y dirige la energía hacia sí misma. Esa energía estancada se puede transformar en síntomas corporales, somatizando.

Detrás de cada retroflexión, existe la polaridad “muévete-detente” que da como resultado tensión muscular e inmovilidad que no se elimina interviniendo directamente en la tensión, sino que es necesario que ambas partes se vuelvan conscientes y se expresen, de modo que el conflicto pueda ser elaborado y que lo que pertenezca al entorno pueda separase de lo que pertenece  a  uno mismo.

Desde las Terapias Corporales (Bioenergética, Gestalt, Focusing, Terapia cráneo-sacral, etc.), se hace hincapié en la importancia del cuerpo dentro de cualquier proceso terapéutico.

Por ejemplo, la Bioenergética se caracteriza por integrar en la terapia psicológica, el cuerpo y sus procesos energéticos. Según Lowen (1991), hay emociones del pasado que no pudieron expresarse en su momento por algún motivo. Todas las emociones necesitan ser expresadas físicamente. Al no poderse expresar, algún músculo o parte del cuerpo se endurece para contenerla. Si esto se alarga en el tiempo, la tensión se puede volver crónica.

Por ejemplo, si un niño teme que le regañen, le castiguen o le retiren el cariño por expresar su rabia, aprenderá pronto a suprimir este sentimiento. Para ello apretará la mandíbula y cerrará la boca y la garganta por dentro (tensionándola). O retirará la energía de otras partes de su cuerpo (negando) o tensará  ciertos grupos de  músculos (castigándose,  somatizando…).  O quizás ponga cara de buen chico tapando su sentimiento con la imagen de lo opuesto (mecanismo de defensa). Si esta experiencia se repite crónicamente, su actitud quedará estructurada en su cuerpo. (p. 8) (Módulo 13, Instituto Galene de Psicoterapia, 2015).

Así mismo, Lowen (1991) afirma que, al igual que otros autores que veremos a continuación, las distintas partes del cuerpo humano tienen un simbolismo según las funciones que desempeñan.

La Voz del Síntoma

A continuación, nos centraremos en uno de los aspectos mencionados al comienzo de este artículo: la estrecha relación entre la determinada parte de nuestro cuerpo que enferma y lo qué nos quiere comunicar. Para ello, haré referencia a varios autores que han trabajado este tema y que nos aportan un nuevo punto de vista para elaborar las somatizaciones en terapia: Adriana Schnake (Los diálogos del cuerpo, La voz del síntomaEnfermedad, síntoma y carácter) y Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke (La enfermedad como camino).

los-chacras-y-su-relacic3b3n-con-las-enfermedades_viajehaciasimismo-00Según la Gestalt, puede haber una parte de nosotros mismos que negamos y otra con la que nos identificamos. Aunque rechacemos la parte que negamos, esa parte sigue existiendo y sigue siendo importante para nuestro funcionamiento, por lo que buscará la manera de poder expresarse. Muchas veces, esa parte negada, tendrá que hacer algo drástico para poder llamar la atención de la parte identificada y para ello, recurrirá al lenguaje no verbal a través, por ejemplo, de la enfermedad.

Según Adriana Schnake (2001), las partes de nuestro cuerpo que enferman, lo hacen porque no aceptamos alguna de sus características. Lo que propone es que la persona vuelva a adueñarse de la parte de su cuerpo que rechaza, a través de la aceptación de sus características. Para ello, Adriana ideó un método en el que la paciente hace de órgano e integra aquello que rechaza  y no reconoce  como propio. La paciente dialoga  con el cuerpo para escuchar la voz del síntoma. El objeto final es que la persona se dé cuenta de que aquello que le duele es parte también de sí misma.

Dethlefsen y Dahlke (2003), en su libro La enfermedad como camino, nos describen una nueva forma de ver la enfermedad. Según ellos, la medicina académica se deja fascinar por los síntomas y se centra solamente en curarlos. En cambio, ellos proponen ir más allá de los síntomas, prestándoles atención y comunicándonos con ellos, como guías infalibles en el camino de la curación. Para ellos, el síntoma es una parte de nosotros mismos que no queremos ver y si le prestamos atención, nos puede decir qué es lo que nos falta.

En su libro, Dethlefsen y Dahlke (2003) establecen una relación de los órganos y partes del cuerpo con sus respectivos atributos psíquicos (Tabla 1).

Tabla 1. Relación de los órganos y partes del cuerpo con sus respectivos atributos psíquicos.

Aparato genital Sexualidad
Boca Apertura
Cabello Libertad, poder
Corazón Capacidad afectiva, emotividad
Dientes Agresividad, vitalidad
Encías Confianza
Espalda Rectitud
Estómago Sensibilidad, aceptación
Extremidades Agilidad, flexibilidad, actividad
Garganta Angustia
Hígado Valores morales, ideología, vinculación
Huesos Firmeza, disciplina
Intestino delgado Reflexión, análisis
Intestino grueso Inconsciente, avaricia
Manos Aprehensión, capacidad de manejo
Matriz Entrega
Músculos Movilidad, flexibilidad, actividad
Nariz Energía, orgullo, sexualidad
Oídos Obediencia
Ojos Entendimiento
Pene Energía
Piel Aislamiento, normas, contacto, delicadeza
Pies Comprensión, firmeza, arraigo, modestia
Pulmones Contacto, comunicación, libertad
Riñones Compañerismo
Rodilla Modestia
Sangre Vitalidad
Uñas Agresividad
Vejiga Distensión
Vesícula Agresividad

 

Aun así, conjuntamente al significado general de cada síntoma, establecen también varias reglas para su interpretación.

Consideran importante y revelador el momento en el que se presenta el síntoma: ¿Qué pensamientos tenía en ese momento?, ¿Cuál era su estado de ánimo?, ¿Se habían producido cambios transcendentales en su vida?…

Por otro lado, dan importancia al lenguaje psicosomático utilizado por el paciente. Según Dethlefsen y Dahlke (2003), la enfermedad nos hace sinceros.

Tiene tan mal la vista que no puede ver las cosas claras, el otro sufre un resfriado y está hasta las narices, otro ya no traga más, hay quién no oye nada y quién, del picor, se arrancaría la piel (p.).

Por último, según ellos, casi todos los síntomas nos obligan a cambiar  de conducta, lo cual también nos aporta información: ¿Qué me impide este síntoma? o ¿Qué me impone este síntoma?

En definitiva, tanto Schnake (2001) como Dethlefsen y Dahlke (2003)  nos animan a abrir los ojos al síntoma para escucharlo y darle voz. Como terapeutas, nos aliamos con el síntoma del paciente y le ayudamos a conseguir su objetivo: que el paciente se dé cuenta de lo que el síntoma le quiere revelar.

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